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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tribeca Grill: un placer para el paladar



Casi tanto como con el Rock'n'Roll, los miembros del comando Pöpujedi también se pirran por la buena mesa. Qué le vamos a hacer... ¡no todo en la vida son Panteras Rosas, compadre!

Tras un par de días degustando pizzas grasientas (deliciosas, por cierto), hamburguesas del McDonalds y porquerías varias, era el momento de comer con cuchillo y tenedor. Primero, segundo y postre. ¡Y con servilleta de tela! Como está mandado, vaya. Y qué mejor que hacerle una visita al restaurante propiedad de Robert De Niro, el Tribeca Grill, que a mediodía ofrecía un suculento menú por 24 pavos (al cambio, unos 15 euros de aquí).

Como a la hora de arriesgar mi compañera suele meter la pata, con el entrante se fió de mi criterio. ¡Bravo, acerté! Las salchichas de cordero con garbanzos y salsa de tomate estaban de auténtico lujo.


Para el segundo, en cambio, cada cual se dejó llevar por su propia intuición, momento en el que mi compañera -esta vez sí- hizo gala de la fama que la precede, escogiendo unos gnocchis con tiras de carne y crema de nata que no resultaron de su agrado. Tampoco del mío. Pobre...


En su lugar, servidor volvió a marcarse otro tanto al jalarse un pedazo de ternera -tierno cual tocinillo de cielo- acompañado de guarnición de vegetales. Muy suculento.


Y para rematar: tarta de chocolates (con ese final) coronada con crujiente galleta almendrada bañada también en chocolate. No hay palabras para intentar describirla: pura delicatessen.


Y esto es lo que dio de sí en términos gastronómicos la visita a Tribeca Grill. Uno de esos restaurantes que te dejan, no sólo un buen sabor de boca, sino además un recuerdo imborrable.

El único punto negativo al rememorar esta experiencia es que, una vez de vuelta, indagando por la Red descubrí que en el mismo edificio, además del centro de operaciones de De Niro, el Tribeca Film Center, también se encuentra otro restaurante propiedad del actor, el Locanda Verde (una taberna italiana, de ambiente mucho más desenfadado y precios más económicos), y su hotel, el Greenwich Hotel, un lujoso establecimiento cuya estancia por noche -agárrate- no baja de los 500 dólares. Al alcance de unos pocos, desde luego.

 

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