viernes, 1 de septiembre de 2017

Cena de gala (rockera)


Asumiendo que un concierto (de rock) tiene bastante de ceremonia ritual, y a tenor de su carácter vespertino, nunca está de más arrancar la velada echándose al coleto alguna manduca vinculada al evento en cuestión. Me explico: ¿que asistes a un bolo de Alice Cooper? Acudes al KFC más cercano; ¿que quien actúa son Supersuckers? Un costillar bañado en salsa barbacoa será tu pitanza; ¿que nos visitan Acrassicauda? Un döner kebab (y un Almax de postre); ¿que los elegidos son Loudness? Pues como hice yo la semana pasada: una bandeja de sushi.


Algunas bandas, además, te lo ponen a huevo:


Green Day = galletitas Soylent Green

Korn = mazorcas de maíz
 

Nashville Pussy = es una alternativa, pero ¿tiene que ser de Nashville?

La Polla Records = humm... va a ser que no



No siempre se puede satisfacer al estómago con estas conexiones gastro-musicales; al fin y al cabo, ¿que te metes entre pecho y espalda si tienes una cita con Metallica? ¿Un tornillo? Peor aún con Municipal Waste (aunque no hay duda que sería una cena económica). Y ya no te cuento si son Guano Apes... ¡Puagh!

Casos incomibles al margen (Poison, Anthrax o Ratt), me estoy preguntando qué cenaré mañana antes de que Eric Forrest y sus E-Force repase los discos que grabó ("Negatron" y "Phobos") junto a los futuristas Voivod... ¿Acaso una sopita de pláncton? ¿O mejor un zurullo reciclado? Ninguna de estas opciones me convence, la verdad. ¿Algún astronauta en la sala que me pase unas píldoras concentradas?

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